A mi hijo de cuatro años casi cinco, le he ido introduciendo en el mundo de los videojuegos al poco que cumplió los cuatro años.
¿¿¡¡Pero que haces !!?? Un niño tan pequeño y ya con pantallas -aishh, esa palabra, pantallas…, ya hablaré de ellas-. ¿Es que tuviste un trauma de niño porque tu madre cada vez que te veía con el ordenador, ya fuera con el Deluxe Paint, el Turbo Basic, el Wordstar o el Lotus 123, te cronometraba los minutos al grito de: ¿¡ya estás otra vez con los marcianitos!? Pues sí, pero no es eso.
No voy a hacer una disquisición sobre las magnificas obras de arte que existen en el mundo de los videojuegos, y sobre todo, en su escena Indie. Lo que voy a hacer es un Goyo Jimenez, es decir, un: no lo digo, lo hago. Voy a contar a que jugamos Jon y yo, prestando especial atención a la afectación que tiene cada juego sobre Jon.
Aquí se viene el primer capitulo…
Ayer Jon y yo probamos el juego de los zorros, es decir, el Spirit of the North -el uno, que ya hay segunda parte-
No es un juego cooperativo, así que después de una pequeña decepción inicial -a Jon le encanta que juguemos los dos a la vez- que dura lo que en Madrid tarda un semáforo en ponerse en verde hasta que el de detrás te pita, Jon movió el stick izquierdo del gamepad hacia adelante -acción natural de echar a correr-, mientras me decía que había algo rojo en el cielo, a lo que le respondí: ¡¡ tendremos que seguirlo !!.

Yo pensé: ¡hostia, esto parece un walking simulator! A ver si esto va a ser el Journey con zorros. No creo que Jon dure jugando a una cosa así ni 5 minutos. Jon es un niño muy movido y activo. De esos que cuando se lo cuentas a alguien te dicen: ¡pues como todos los niños de su edad!, pero tú sabes que no, que en la categoría de la actividad está en un percentil bastante alto ?
Le observaba mientras jugaba: Jon tenía la boca entreabierta, los ojos como platos y cara de fascinación, mientras avanzaba lentamente convertido en zorro por un paisaje nevado realmente espectacular, escuchando una delicada e inmersiva música, siguiendo una especie de aurora boreal roja por el cielo.
Al poco, apareció ante nosotros un zorro formado de luz, que podía correr y saltar por el aire, y que parecía que nos mostraba el camino a seguir. Aquí fue cuando ante un par de saltos complicados de plataformeo, Jon me cedió el mando para que los superara, para arrebatármelo de nuevo con efusividad una vez que la dificultad había sido sobrepasada.
Una de las zonas que atravesamos estaba formada por toboganes de hielo, cosa que le encantó a Jon. ¡Velocidad y deslizamiento!, seguramente su reino detrás del arco iris sea algo así.
Alcanzamos por fin al zorro de luz, pero justo en ese momento algo rojo nos empieza a drenar la vida. Quedamos inconscientes tendidos en el suelo, pero el zorro de luz utilizando su poder luminoso nos despierta. La alegría dura poco, pues súbitamente el terreno bajo nuestros pies se derrumba y caemos.
De la caída nos despertamos con una pata delantera herida. Seguimos a nuestro amigo -Jon lo identifica con nuestro hermano-, a la pata coja. Cada vez se nos nota más cansado, y nuestro ahora ya bautizado hermano va emitiendo aullidos de lamento. Al final, conseguimos llegar a un estanque rodeado de piedras a lo Stone Edge, donde nuestro hermano luminoso utilizando su fuerza vital nos sana, pero su forma se va desvaneciendo convirtiéndose finalmente en una pequeña esfera.
Entonces agradezco a los desarrolladores que dejaran esa esfera, a la que me agarro como clavo ardiente para decirle a Jon que su hermano sigue estando con nosotros solo que ha cambiado de forma, y así retraso un poco más la inevitable conversación que tendré algún día con él sobre la muerte. Intuyo que a Jon no le convenzo del todo y quiere hacerme más preguntas, pero la idea de lo que acaba de suceder parece que le incomoda y decide seguir avanzando.
Seguimos jugando un rato más hasta que una zona de plataformeo demasiado complicada para su edad, le hace desistir y querer abandonar el juego.
Fue una buena idea jugar a Spirit of the North con Jon, y deberíamos volver a él más adelante.
Estoy trabajando con Jon la concentración más a allá de la excitación y los estímulos constantes y agresivos. Mucha gente asocia las pantallas con esto último, pero una pantalla solo es una ventana a algo, y ese algo detrás de la pantalla es lo importante, y no la pantalla en si misma.
Con Spirit of the North hemos vivido una experiencia mayormente calmada y contemplativa, con algunos momentos de acción puntuales, en un escenario tanto visual como musical muy atractivo y artístico.











